Las luchas sindicales en Serbia se enfrentan a obstáculos institucionales y económicos que amenazan directamente la idea de una Transición Justa y la libertad sindical efectiva. Los representantes sindicales están expuestos a la represión directa. Los ejemplos de 48 cargos penales contra un representante y el despido de líderes sindicales muestran que la libertad sindical es meramente nominal. En tal posición, el sindicato carece del poder para liderar, organizar y proteger a los trabajadores durante un proceso de transición, dejándolos vulnerables.
Existe una brecha sistémica entre las obligaciones legales y la implementación. La gerencia alega "ignorancia" con respecto a los problemas de seguridad porque los supervisores no transmiten los informes. Esto confirma que la información y el control se ocultan deliberadamente a los trabajadores y los sindicatos.
Los problemas con los humos tóxicos y la falta de filtros muestran que se ignoran las normas ambientales, y los trabajadores con años de servicio beneficiados soportan la mayor carga de riesgo, lo que es directamente contrario al principio de Transición Justa.
Abuso de subsidios: Los trabajadores tienen contratos de duración determinada solo durante la duración de los subsidios estatales. Esto confirma que los inversores extranjeros utilizan el Estado para la optimización de beneficios a corto plazo en lugar de la producción sostenible a largo plazo.
Incumplimiento de los acuerdos: Los empleadores aplican las disposiciones de la Ley Laboral y el Convenio Colectivo que más les convienen. Además, evitar los aumentos del salario mínimo mediante el pago de bonos de aniversario y el recorte de los bonos de licencia por enfermedad demuestra que los convenios colectivos no son efectivamente aplicables y que los empleadores no se adhieren a la ley.
Solidaridad internacional: La exitosa coordinación con un sindicato de Italia para responsabilizar a la empresa compradora demuestra que las fuerzas internas son insuficientes y que se necesita un movimiento global para transferir el poder de las marcas a los sindicatos.
El deseo de los trabajadores de mantener bonificaciones mínimas en lugar de solicitar mejoras sistémicas enfatiza que una cultura de miedo e incertidumbre económica cambia el enfoque de las demandas ecológicas y de planificación sistémicas a la supervivencia a corto plazo.
La represión sistemática, la brecha deliberada en la comunicación sobre la seguridad y la salud en el trabajo y los riesgos ambientales, y el poder de las marcas globales para eludir los convenios colectivos demuestran que el poder aún no se ha trasladado a los trabajadores. Una Transición Justa es imposible mientras los derechos fundamentales de los trabajadores, el derecho a organizarse y la exigibilidad de los contratos se vean socavados rutinariamente por la gestión local y la presión económica internacional.
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